domingo, 27 de septiembre de 2020

Viajes para Remiendos del Corazón y del Alma

 

Dicen que si te pasa algo, viajes, que si no te pasa nada, que viajes, pero que viajes para vivir y sentir. Pues sí, es la mejor manera de remendar un corazón roto, de aliviar algunas penas, o de simplemente cambiar de perspectiva y analizar desde otro punto, todas las cosas que pasan alrededor. 

 Años atrás, me rompieron el corazón en pedazos, hoy recibí este libro, "El Viaje", tenía meses de estar esperándolo, y me emocione tanto que empecé a leerlo sin parar, y cada vez que iba descubriendo una página nueva, me identificaba más y más con el proceso de la autora.    

 

Evidentemente, la experiencia de viajar y de aprendizaje es muy distinta para todos, pero no dejo de pensar y recordar en un viaje que cambio mi perspectiva de vida.  Porque fue sanador y porque me permitió enfocarme y priorizar otras cosas, que cuando te rompen el corzon no eres capaz de ver, porque estas tan herido que solo alcanzas a sentir, pero no a pensar.

Todo comenzó un 27 de marzo, le pedí al amor de mi vida, que comiéramos juntos porque necesitaba decirle que lo quería y que quería estar con él, nada más.  Lamentablemente su respuesta fue simplemente que no quería compromiso y que me quería mucho, pero que sabía que si formalizábamos, él no iba a cumplir como pareja comprometida con una persona.  Así que me tome un whisky en las rocas, y salí a llorar por horas a un parque con las pocas servilletas que me lleve del restaurante.  

¿Porque al parque? porque estaba viviendo en casa de los padres de mi amado, yo estaba como estudiante internacional en la ciudad y bueno, su familia me acogió un tiempo hasta que conseguí donde vivir compartiendo casa con otras tres chicas. 

Así que en el momento de las confesiones pues no podía regresar y llorar en mi cuarto como una chica normal, con el corazón roto. Sin embargo, estaba muy triste, podría decir que deprimida y se me quito el hambre, y las ganas de salir de las sabanas.  La madre de mi amado, entendió que había algo mal conmigo, yo le dije que simplemente tenía malestar estomacal debido al estrés y una gastritis exagerada.  Pero recuerdo escuchar una conversación de ella con su hijo, diciéndole que me miraba muy mal y que no sabía que me pasaba, el si lo sabía, pero dijo que quizá era melancolía por estar lejos de casa.  Ese día, entendí que tenía que cambiar mi actitud, que debía maquillar mi tristeza como fuera, salir con una sonrisa de oreja a oreja.

El primero de abril, me cambie de casa, encontré una habitación en un apartamento con otras tres chicas, me fui sin si quiera tener sabanas en la nueva casa. Pero hice mi espacio nuevo, un nido de consuelo para llorar libremente e iniciar el proceso de recuperación que necesitaría para poner mi corazón en remiendo.  Para ese entonces, mi amiga Sarita, que fue compañera de colegio desde los 8 años, me escribió un email, contándome que estaba en Roma, haciendo un Master y que sería bueno vernos puesto que yo estaba en España.   Así que ni tardía ni perezosa, me compre un vuelo a Roma para principios de Mayo, el tema es que en los meses anteriores yo había empezado a trabajar en un proyectito a lo largo de Europa, y el 5 de mayo tenía que estar en Grecia. Que cosas, no!!!

Lo único que puedo decir para cerrar este post, es que fue un viaje que me cambio la vida, fueron 5 días de aventuras (ya las contare en otros post), risas y sobre todo de mostrarme a mí misma cosas de las que soy capaz, y que nunca pensé que lo fuera!




miércoles, 16 de septiembre de 2020

Lady Bird y el Loco Amor de Madre

Las películas, los recuerdos y los sentimientos. En muchas ocasiones cuando veo una película, me recuerda momentos de mi vida, por la época en la que la vi, con quien la vi o porque dentro la trama, existe una temática que me identifica como ser humano, como mujer, como hija, o como trabajadora.

                                      

 El éxito de ¨El Diablo se viste de Prada¨, radica en que todos podemos identificarnos con un jefe ¨destroyer¨ cómo Miranda Presley, ¨BRIDGET Jones nos recuerda lo difícil que son las relaciones cuando llegas a una edad en donde la mayoría de personas ya están atadas y sujetas a las normas generales de la sociedad. En fin, las llamadas ¨chick flicks¨ son comedias románticas que pueden ser un escape, o simplemente un respiro para reír al frente de la televisión con una mantita y un buen vino.

Pero en este caso, la película que me recuerda las relaciones entre madre e hija, es ¨Lady Bird¨, la estuve viendo anoche, por décima vez, o quizá más.  La ópera prima de Greta Gerwing que nos transporta a Sacramento California a principios de los años dos mil.  La historia de una joven a punto de cumplir la mayoría de edad, graduarse del colegio, que por cierto es religioso, y salir finalmente a explorar el mundo.  Dentro de esta trama, pues se encuentran pequeñas historias o batallitas a las que se tiene que enfrentar y que son parte de su evolución como ser humano, pero hay ciertos elementos que son vistos desde una lupa que permite ver su transformación en mujer.

Una trama dentro de la trama, valga la redundancia, es la relación con la madre, una mujer que ha luchado para salir adelante, que se ha levantado de la nada y ejerce un importante papel en la vida de su hija, de su familia en general.  Un torbellino y centro de huracán, con una fuerte personalidad, avasallante que necesita ser el foco transmisor y receptor de la luz que brinda.  Me recuerda a mi madre, muchas escenas, peleas y actitudes de la madre y de “Lady Bird”, me recuerdan las peleas, las charlas y los momentos con mi madre.  En un momento de la historia, el padre, le pide a la protagonista que tenga paciencia con su progenitora, que ambas tienen personalidades fuertes y que ambas se aman profundamente, curiosamente, es lo que siempre me dice mi padre.  

Viendo la película puedo ver cosas de mí y de mi madre, que en perspectiva, me hacen entenderla más, y me hacen entender aún más, las dinámicas de nuestra relación.  Las peleas de ¨no arrastres los pies, o estas cansada¨, me recuerdan ciertos regaños y peleas porque tan joven y tan cansada.  Hay una escena en donde la protagonista se tira del coche en movimiento, en medio de una pelea con su madre, y me recuerda alguna locura parecida en donde expresaba mis ganas de morir y expresaba mis instintos suicidas.  Pero también hay momentos de la madre, en donde sale la mujer hecha a sí misma, que ha sufrido escasez o situaciones de pena, y que restriega a su hija todas cosas que le ha dado en pos de darle una mejor vida, que ella no pudo tener.  Esas escenas son especialmente dolorosas, molestos, a nadie le gusta que le restrieguen las cosas que se hacen por ellos, y cuando eres un hijo que sabes el trabajo de tus padres y a veces no pides y dejas de hacer cosas, precisamente porque no quieres abusar de su bondad.  También se ve una mujer vulnerable, y en defensa de esa posición es aún más dura con su hija, no sé si para hacerla más fuerte o simplemente que no conoce otra forma de amor. 

Una cosa tengo clara, muchas madres son con sus hijas extremadamente duras, no porque no te quieran, sino porque es la única forma de amor que conocen.  La escritora y directora Greta Gerwing, se inspiró en su propia vida y en su propia madre para desarrollar los personajes de su película.  Efectivamente su madre pertenece a la misma generación de mi madre, “Baby Boomer” y pertenecen a una generación que sufrió cambios sociales súper radicales, no solamente por los cambios sociales de la humanidad, pero también emocionalmente pertenecen a esa generación cuyos padres respetaban las rígidas normas sociales y había poca expresividad, por lo tanto crecieron sin afecto, no porque no les quisieran, más bien aprendieron a recibir y dar pocas muestras de amor.  El cambio radical lo dieron ellos con sus hijos, los baby boomer, transformaron la sociedad, son la generación de los hippies, de los derechos civiles, del feminismo y de la creación de la súper mujer, que trabaja y lleva la casa.   En fin, son mujeres hechas a sí mismas, con diferentes historias de amor y desamor, pero que aman entrañablemente a sus hijos y que su forma de amor es precisamente ensenarles a defenderse a sí mismos.