domingo, 18 de octubre de 2020

Los muebles de casa y el vecino super sexy

 

La historia empieza un día a las 7 de la tarde, cuando iba caminando del metro a mi casa, era una agradable caminata de 15 minutos, o menos, pero me gustaba ir despacito, apreciando cada esquina de la calle del Pez, ir viendo por las ventanas de los comercios, los restaurantes y los edificios coloridos,  cada espacio a mi alrededor.   Un día el portón de la casa de al lado de mi edificio, estaba abierto y me causo curiosidad, era azul oscuro y de adentro salía una luz brillante como fuego, al lado estaba la puerta de entrada para ese edificio. En ese momento, asome mi cabeza y veo una revelación, una fantasía erótica hecha realidad. Un hombre, de aproximadamente un metro, ochenta y cinco, moreno claro, pelo oscuro, en overol con tirantes, de lado derecho estaba suelto, un cuerpo súper atlético, con masa corporal al estilo Hugh Hackman en Wolverine, y unos lentes para cubrir la vista de las chispas que salían de un soplador de fuego.  

¡Bárbaro!   ¡Escandalosamente guapo! ¡Buenísimo, lo siguiente a espectacular...como dicen en España, súper macizo!

Sin ningún tipo de reparo, mi cabeza se quedó viéndole fijamente, y mi quijada a punto de caer, de tremenda sorpresa, asombro, admiración, impresión, no sé qué calificativo usar, solo puedo decir que descaradamente le vi como un diabético, ve un bombón y lo desea, pero no se lo puede comer, solamente babea con ojos de ansia, afán y sed.

Este hombre que parece salido de una fantasía erótica para mujeres.  Para de soldar, se voltea, remueve los lentes protectores de su cara, y Dios… que ojos, que boca, una nariz digna de Dios Griego Mediterráneo.  Me dice, con una voz profunda; ¿te puedo ayudar en algo?  No sabía que contestar, porque no vi lo que había a su alrededor, solamente tenía la vista en su carnosa boquita, que veía mover para arriba y para abajo, sin dejar de pensar “qué bueno esta Dios mío”, de repente veo un mueble y lo primero que se me ocurrió decirle fue; ¿vendes el mueble?  - El me respondió, ¡que sí!

Mi corazón no para de latir, y realmente no tenía mucho control sobre mí, porque creo que andaba con las hormonas sueltas, que ya me tocaba la visita de Andrés, el que viene cada mes, (el periodo).  Lo cierto es que tengo la característica de que los hombres que me gustan mucho, me ponen muy nerviosa, suelo tener un alto grado de templanza, en general, en las diversas situaciones de la vida, pero con los hombres, me pierdo. Así que empecé a preguntarle, si era nuevo en el vecindario, y me dijo que llevaba dos años viviendo ahí con su novia, je... ¡el mensaje era claro!  El tenía novia, y había percibido mi descarada apreciación a su belleza.

Entonces, le pedí que me mostrara los muebles, y me conto que era curador de muebles antiguos, y que en los últimos 6 meses se dedicaba a rescatar muebles usados, los renovaba y los vendía, que era su negocio de invierno, que durante el verano tenía un negocio de venta de trajes de baño con su novia.  Curiosa mezcla de negocios, - ¡pensé! -  Y luego, el volteo y me dijo, - es que también soy actor y es difícil conseguir buenos papeles, pero que además que te den sostenibilidad, ¡pues!  me defiendo con mis negocios y mi chica, ¡que es fantástica!  En mi cabeza pensaba, ¡qué vergüenza, era demasiado evidente la baba que caía de mi boca cuando le miraba.   Pero la verdad, es que hacía meses atrás yo andaba en la búsqueda de una cajonera, me daba pereza ir a Ikea de Vallecas, que me quedaba a dos horas en metro y luego regresar con el peso del paquete, así que había retrasado esa compra lo más que podía.  De repente, veo una cajonera negra, renovada, preciosa, y le digo; - cuánto cuesta? - Él me dice que son setenta y cinco euros, yo le digo que si me la deja en sesenta se la compro inmediatamente, porque cargaba cincuenta euros en mi bolso, los acababa de sacar para comprar fruta en las tiendas del barrio.  Y me lo dejo en sesenta, le di lo que cargaba y que iba por lo que me restaba a casa, pero él tenía grabación, porque estaba haciendo una serie de televisión y tenía llamado.  Casi muero, cuando me dice eso, resulta que era un actor reconocido, y bueno, quedamos en que al día siguiente iría a recoger el mueble y le llevaría los diez euros que faltaban.  A todo esto, vivíamos exactamente al lado, mi numero era el 18 y el de él era el 16.

Al día siguiente llegue a la misma hora, toque la puerta y a la espera de ver esa boquita sabrosa y carnosa, me abre la puerta su novia.   Me dijo, ¿eres Cris?  – y le respondí que si – y me dice, que Roberto iba de salida a su trabajo y que ella me ayudaría a llevar el mueble a mi casa.  La sensación que tuve, fue como la de novia de pueblo, ¡alborotada y plantada!  Llegue maquillada, en mis buenos trapos y olorosa.  Pero bueno, entre jalada de mueble por aquí, y jalada por allá, llegamos a mi casa, le invite un café y hablamos por horas, una chica encantadora, emprendedora y fantástica persona, teníamos en común amistades y nos hicimos muy amigas.  Al final, sin ningún reparo, le dije que su novio me parecía un altar a la belleza masculina.   Al cabo de tiempo, me invitaban a cenar, a charlar con un vino en la mesa, y nos hicimos amigos, más de ella que dé el.   Un día, le ofrecieron un trabajo permanente en una televisora y habían decidido mudarse, porque la empresa quedaba a hora y media de su casa actual y él iba en moto, y había tenido un par de sustos en su recorrido al trabajo.   Y sin más, ella me ofreció los hermosos muebles que tenía para la tele, una hermosa vitrina blanca, mesas de noche y un par de libreras, yo estaba en proceso de mudanza también, así que fue un regalo de Dios, realmente me venían como anillo al dedo, para mi nueva casa.  Nos despedimos y lamento no haberme quedado con su contacto, no había Facebook todavía, sé que al cabo de un par de años su relación termino, porque el aparecía en revistas del corazón y andaba con una coprotagonista de la serie en donde trabajaba.   Pero esos muebles, me dieron una vida en casa, única, eran singulares y le daban un ambiente vintage que parecía de diseñador, cuando habían sido renovados y regalados.

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