jueves, 21 de septiembre de 2017

La resiliencia de la virginidad

Pasados los 35 es realmente difícil entender el mundo de las citas, de los compromisos e incluso de las noches de placer.

Incluso antes de llegar a las tres décadas, fue tan complicado entender cuando besar? a quien besar? y como besar? no digamos ya, pasar a tercera base y solicitar un preservativo para una loca noche de pasión, o simplemente un soplido al viento, porque el pobre individuo no ha sido capaz de cumplir mínimamente los objetivos impuestos por una voraz fémina, que quizá buscaba mas que una noche de angustia, alegría o tristeza.

Como sea!...que los ovarios te despiertan y caminan a las hormonas y estas cuando se vuelven locas, pocas son la cosas que hacen paz o tilín!

Particularmente, perder la virginidad a los 25 (lo sé, un poco vieja), en unas condiciones poco decorosas, la verdad es que afecta de diferentes maneras la visión de una o de varias citas.  No puedo decir que fue la peor experiencia de vida, porque he conocido gente con muchas peores historias, pero es verdad que en el camino tomado después de esa noche lluviosa de un 2 de junio, han sido historias coloridas, picantes y algunas grises, tan o mas que esa noche.

A ver, después de una relación de año y medio con un individuo mentiroso, con un complejo de virilidad extremadamente exagerado (pensaba que podía engañar a todas las mujeres habidas y por haber, incluyendo a su esposa), una noche de pena por un ser querido en coma, se convirtió en la noche en la que se desfloro aquello que mi abuela se esfuerzo en cuidar y proteger a través de candados psicológicos y religiosos, con muros hechos de moral y buenas costumbres.

Traumático, pues si...aprovecho un momento de vulnerabilidad absoluta para dar paso a su necesidad viril, aprovecho la tristeza para dejarse escurrir entre mis lágrimas y mis piernas, aprovecho la necesidad de caricias y ternura,  mi apertura mental y física, para entrar y abrir una puerta que había estado sellada en la fortaleza de los muros morales y religiosos.

En fin, años más tarde aprendí que ser vulnerable no es malo, que abrirse tampoco es malo y deje de asociar la tristeza con el placer.  Conducta que durante años ha dirigido mis relaciones amorosas, sexuales e incluso laborales.



2 comentarios:

  1. Interesante aunque lo que nunca cambia es lo que nos sucede a nosotras las chicas educadas con niveles elevados de moralidad y religion. Es como crecer y madurar bajo temores!

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar