Igual suena un poco extraño, pero es verdad que las citas post coito, son
inesperadamente "interesantes".
Pasada la primera vez, ambos individuos, la fémina voraz y el viril
mentiroso, se ven en un bar/restaurante cuyo propietario es el mismísimo
protagonista de esta historia. Primera impresión después de haber estado desnudos
en la cama y por parte de él, haber descubierto que efectivamente la chica
apasionada de besos desgarradores...era virgen...cosa que el infeliz no creyó
hasta que entro al baño a ducharse y ver sangre en el preservativo.
Estaba yo en shock post coital, cuando el me llama y me dice..."estas
sangrando"... y le digo "claro, que esperabas". Su cara
fue un poema, no se quien estaba más en shock, si él o yo!
Bueno, estábamos en el bar/restaurante con nombre deportivo, y le veo con
una sonrisa pícara tal vez de vergüenza, tenía sentimientos encontrados, entre
"no puedo creer que lo hiciera contigo cacho cabrón" y "dios he
pecado con un hombre casado, además!!!"
Moral, dulce acompañante, no me dejas ni de noche ni de día y conmigo te
acuestas, te levantas y no me dejas dormir, eres más que mi conciencia, mi
angustia más profunda y mi pena eterna.
Ambos estuvimos callados por más de 20 minutos tratando de evadir la
inevitable conversación al respecto de la sangre, al respecto de mí pecado y al
respecto del suyo. Eran los tiempos del papa Juan Pablo II, y en un
bar/restaurante con nombre deportivo, hay una enorme foto del sumo pontífice,
que no hacia otra cosa más que seguirme con la mirada, no podía concentrarme,
no podía pensar, solamente recibía la mirada que aquella fotografía que me
recordaba cada cinco minutos que había pecado y que lo había hecho con un
hombre casado. Bendita escena detrás de la caja registradora, la
fotografía del papa con botellas de cerveza y un mini calendario de taller
mecánico con una chica en tanga roja, además.
Lágrimas, cien lagrimas salían de mis ojos, debatiendo en mi interior si
había hecho lo correcto o no, si era el hombre al que debía haber entregado
"mi flor", si hubiese esperado por el hombre al que pertenecía mi
corazón (esta es otra historia, porque estaba perdidamente enamorada de otro),
si con esta acción había perdido lo más bonito que podía ofrecer, si había
pecado (con la foto del papa frente a mi), cuantas cosas pasaron por mi cabeza
y a día de hoy, el pobre infeliz piensa que lo quería y que por eso le di
"mi flor".
El con su mega ego y yo con mi cargo de consciencia, empezamos a beber, el
ya llevaba unas cuantas cervezas en la cabeza y yo pues entre que no había
comido nada y la profunda tristeza que me invadía porque mi abuela (el ser
querido en coma), pues estaba en las últimas semanas de su vida. Pues, la
conversación post coital se trató sobre lo increíble que él se sentía de haber
estado conmigo y de que yo le hubiese entregado "mi flor", y lo
único que salía por su boca era "esta mujer me quiere de verdad".
Así que la conversación y el encuentro fue reafirmar su gigante ego
masculino y por mi parte distraer mi tristeza y mi pena.
Honestamente nunca le quise, le tuve cariño pero nunca me enamore, el
represento una ilusión al inicio de la relación, que mato cuando me engaño y no
me dijo que estaba separado y estaba en proceso de reconciliación con su esposa
y madre de su hijo de diez meses.
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